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Los primitivos habitantes de La Palma llamaban a la isla "Benahoare" (mi
tierra) y estaba dividida en 12 cantones o señoríos, gobernados cada uno por
un mencey. Los primeros datos sobre La Palma son del siglo XV. Aunque faltan
datos concretos al respecto, se calcula que la población en ese momento, podía
oscilar en torno a los 4.000 habitantes. Los aborígenes vivían
fundamentalmente del pastoreo de cabras, ovejas y cerdos, y recolectaban
frutos y raíces con los que elaboraban una especie de harina a la que llamaban
"gofio", hecha con raíces de helecho y amagantes, que tostaban y molían. Al
cantón correspondiente a La Caldera lo llamaban "Aceró", que quiere decir
"lugar fuerte e invulnerable", y su mencey se llamaba Tanausú.
En 1447 Guillén de Peraza parte de La Gomera con tres naves y 500 hombres,
dirigiéndose a conquistar La Palma. Tras desembarcar en el cantón de Tihuya,
donde reinaba el príncipe Echedey, se produjo una terrible batalla donde los
indígenas derrotaron a los castellanos a pesar de sus primitivas armas (lanzas
de madera y piedras). El mismo Guillén de Peraza falleció durante los combates
tras ser alcanzado por una piedra.
El 29 de septiembre de 1492 desembarcan en Tazacorte, en la desembocadura de
La Caldera, unos 900 hombres al mando de Alonso Fernández de Lugo, quienes por
medio de pactos, fueron poco a poco sometiendo a nueve de los doce cantones.
Luego tuvieron que librar la gran batalla de Timibúcar para vencer la
resistencia de los cantones aliados de Tedote y Tigalate, venciendo a
Bentacayse, jefe de Tedote, y a los hermanos Jariguo y Garehagua, que
compartían el poder en Tigalate.
Finalmente, tan sólo les quedaba el cantón de Aceró para dominar la isla, pero
allí fueron rechazados una y otra vez por Tanausú y sus hombres. Tras los
fallidos intentos de los castellanos por adentrarse en La Caldera, Fernández
de Lugo mandó a un tal Juan de Palma, pariente de Tanausú ya cristianizado,
para convencer a este de que saliera por el paso de Adamacansis para hacer un
pacto de caballeros. Tanausú, ante la insistencia de los contrincantes y para
evitar mayores sufrimientos a su pueblo, accedió a negociar y a firmar la paz,
y por ello fue a encontrarse con don Alonso. Uno de sus seguidores le advirtió
de que podía tratarse de una emboscada, pero el mencey siguió adelante porque
no podía concebir que Fernández de Lugo le engañara. Los castellanos le
atacaron, capturándole junto a su séquito en el lugar conocido hoy como El
Riachuelo, cerca de La Cumbrecita. Dicen que Tanausú se dejó morir en el barco
que le llevaba a la península, ya que no quiso comer en protesta por la
traición. La huelga de hambre le llevó a la muerte.
Una vez concluida la conquista, con la incorporación de la isla de La Palma a
la corona de Castilla, comienzan a llegar a ella, castellanos, mallorquies,
catalanes, portugueses, italianos, flamencos, etc., atraídos por las riquezas
de esta tierra. Todas estas gentes y los pocos indígenas que seguramente
quedaron, forman el tronco de la población palmera actual.
Precisamente, como agradecimiento por los servicios prestados en la conquista
de La Palma, en 1496 los Reyes Católicos le dieron a D. Alonso Fernández un
derecho para repartir las tierras y las aguas. Aunque él prefirió vivir en
Tenerife, se reservó para sí uno de los mejores lugares de La Palma: Los
Sauces, al norte de la capital. La Caldera se la dio a su sobrino y
lugarteniente en 1502. A partir de entonces, por ventas y transmisiones
hereditarias, pasó a diversas manos, y en la actualidad la propiedad de estas
tierras recae en el Heredamiento de las Haciendas de Argual y Tazacorte.
Actualmente el Heredamiento está compuesto por cerca de 1.800 hacendados que
aprovechan el agua de más de 70 manantiales y galerías de La Caldera, así como
las aguas que por escorrentía llegan a Dos Aguas, una vez fuera de los límites
del Parque.
Los estatutos del Heredamiento tienen a La Caldera como finca proindivisa y
los socios hacendados se reparten sus aguas cada 10 días. Cada uno es
propietario del caudal que sale de La Caldera durante horas, minutos y
segundos, en función de las tierras agrícolas que posea o de los derechos que
haya adquirido.
La Caldera siempre fue utilizada como dehesa comunal, y este uso unido a su
riqueza en aguas, motivó que las autoridades locales comenzaran a pleitear por
su posesión desde el siglo XVI hasta fechas recientes, sin conseguir su
propósito. En 1954, el ayuntamiento de El Paso inscribió las tierras de La
Caldera como municipales. En 1967, el ayuntamiento volvió a demandar la
propiedad, pero fue desestimada por el Tribunal Supremo en 1970. Nuevas
demandas jurídicas en 1981, 1984 y 1986 no han obtenido en los tribunales
ningún resultado favorable.
Siendo la principal riqueza de la Caldera de Taburiente el agua, el
Heredamiento de las Haciendas de Argual y Tazacorte en sus ordenanzas dicta
una estricta protección de los bosques del interior de la Caldera, prohibiendo
la tala de árboles y la introducción de ganado, conscientes de que la
presencia y conservación de la cubierta arbolada garantizaba la permanencia de
fuentes y manantiales, así como su caudal. Gracias a esta temprana conciencia
ecológica, nacida hace más de 400 años, la Caldera de Taburiente ha llegado
hasta nuestros días con sus recursos naturales casi intactos, lo que ha
propiciado su declaración como Parque Nacional.
En 1954 se declaró por Decreto el área de La Caldera de Taburiente como Parque
Nacional, a instancias de un grupo de artistas y hombres de estudio. Pocos son
los datos que se disponen sobre la existencia de presiones sociales para que
tan emblemático espacio fuera declarado Parque Nacional. La primera referencia
data de 1934, cuando un concejal de La Palma formula una petición de
declaración de este espacio como Parque Nacional, pero esta propuesta fue
rechazada, ya que La Caldera era una finca de particulares.
La ley 4/1981 de reclasificación supuso una ampliación del Parque hasta las
4.690 ha y la incorporación de una Zona Periférica de Protección que comprende
5.956 ha. El territorio protegido pudo ser mayor pero los ayuntamientos y
particulares que tenían que aportar los terrenos no tomaron a tiempo los
acuerdos correspondientes. Por ello la ley en uno de sus artículos permite la
incorporación de nuevas fincas colindantes con el Parque en cualquier momento.
En 1986 se aprobó el Plan Rector de Uso y Gestión del Parque, en el cual se
establece una zonificación en relación al posible uso por los visitantes así
como los accesos y principios generales que van a definir la gestión. Estos
aspectos pueden ir modificándose a lo largo del tiempo, por lo cual se prevé
una revisión periódica del Plan Rector.
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